La cultura no es un gasto superfluo

9 de junio de 2020

Con su decisión de cerrar los ministerios de Cultura, Deportes y Comunicación, el gobierno de Jeanine Añez sigue punto por punto la agenda neoliberal de “reducción de gastos” que impone el Fondo Monetario Internacional (FMI) y renuncia a sus obligaciones en un momento complejo para la sociedad boliviana.

“Las culturas son el alma de nuestro Estado Plurinacional, no son un lujo ni un gasto superfluo”, dijo Lucho Arce, candidato a presidente por el MAS. “Si se quiere generar un ahorro en esta crisis, pongan un tope salarial en todo el sector público como lo propusimos hace tiempo y reduzcan el gasto destinado a la represión del pueblo”, agregó.

Sin embargo, queda cada vez más claro que la eliminación de estas dependencias es más ideológica que económica: el ahorro que significará este recorte, dijo Arce, “va a representar apenas 77 millones de bolivianos, menos del 0,03 por ciento del presupuesto”. Empero, este ahorro falso encierra una desinversión que puede generar mucho daño a la organización y desarrollo de la comunidad,

La medida llega justo en momentos que con el hashtag #ArteEnEmergencia los artistas reclamaban todo lo contrario: la atención del Estado en un contexto en que el aislamiento les impide trabajar.

El apoyo oficial a las industrias culturales es una recomendación de Naciones Unidas en función de la importancia que tiene la producción artística y comunicacional para el desarrollo de los pueblos. Pero en el marco de la pandemia, esos apoyos, lejos de debilitarse, deberían fortalecerse. No hay mejor herramienta para sobrellevar en comunidad este período tan duro que la reflexión colectiva y la elaboración de discursos y mensajes de solidaridad, respeto y cuidado.

Por si fuera poco, es evidente que la cultura no es solo el arte y la expresión de las comunidades. Las prácticas y experiencias campesinas y comunitarias, las cooperativas que gestionan pequeñas producciones locales y las redes que revalorizan aspectos culturales tan importantes como la biodiversidad y la gastronomía boliviana también requieren, en este contexto, un especial cuidado del Estado. Todo lo contrario de lo que el gobierno transitorio dispone.

Un gobierno sin respaldo electoral vuelve a pasar por encima de las leyes bolivianas, cuya redacción fuera producto de laborioso diálogo y búsqueda de consensos. El artículo 1 de la Constitución Política del Estado señala: “Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país”.

Si el Estado no toma las riendas de la cultura como integrador de los diferentes sectores sociales, si no apoya la elaboración de artes y discursos alternativos, la violencia y la discriminación ganan la batalla.